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Tener un seguro de vida es siempre una buena decisión para proteger a otras personas en caso de muerte del asegurado y también para protegerle a él mismo si sufre una invalidez. Pero antes de contratar un seguro de vida hay que tener en cuenta algunas recomendaciones.

 

1. Hacerlo pronto. Es el primer consejo para contratar un seguro de vida. Hay que tener en cuenta que el seguro de vida se encarece bastante con los años, lógicamente, así que es mejor hacerlo cuando se es joven. Las últimas estadísticas de INESE dicen que el  30 % de las personas tienen seguro de vida, y que entre 35 y 54 años está la franja de edad en la que más se contrata. Lo adecuado sería firmar un seguro de vida siempre que la desaparición de una persona suponga un problema económico para quienes dependen de ella; es decir, cuando se desee garantizar el futuro de los hijos, sus estudios, el domicilio familiar, la supervivencia de la pareja… Normalmente, cuando los hijos son pequeños, existen personas dependientes o una hipoteca que pagar es más necesario el seguro de vida.

2. Contratar la invalidez. El seguro de vida bien entendido debería empezar por uno mismo. La idea es garantizar la situación económica de los beneficiarios, pero también debería servir para asegurar al tomador del seguro en caso de una invalidez total y permanente que le impida trabajar, en cuyo caso no solo no podría ayudar a los suyos, sino ni siquiera pagar su propio sustento. Esta garantía es opcional en los seguros de vida, pero conviene contratarla, junto con otras como la dependencia, en el caso de que el tomador no pueda valerse por sí mismo, o las enfermedades graves, como cáncer, infarto, accidente cerebrovascular, etc.

3. Leer (y entender) las condiciones. Es cierto que no resulta apasionante leer un condicionado, pero es muy importante conocer las exclusiones y las coberturas del seguro de vida para evitar sorpresas. Puede que el tomador del seguro crea que está cubriendo las necesidades de sus herederos y, sin embargo, que esté excluida la indemnización si su muerte se produce en determinadas circunstancias. A veces las condiciones de la póliza resultan farragosas o incomprensibles, pero el consumidor debería conocer qué es lo que está contratando; así que no hay que cortarse en pedir todo tipo de explicaciones antes de contratar un seguro de vida.

4. Nombrar beneficiarios. Si el tomador no designa beneficiario o beneficiarios en su seguro de vida, serán los herederos. Pero, aunque se desee así, siempre es mejor consignarlos en la póliza con sus nombres y apellidos porque de este modo se ahorran trámites. Cuando los beneficiarios no están específicamente designados como tales, hay que presentar una designación de herederos realizada ante notario, una copia autorizada del testamento, liquidar previamente el impuesto de sucesiones… Por el contrario, si están nombrados explícitamente, la compañía pagará lo acordado a quienes se identifiquen como beneficiarios. Otra ventaja de nombrar beneficiarios es que también pueden establecerse porcentajes iguales o diferentes para cada uno.

5. Comparar precios. No hay que creer que todas las compañías tienen los mismos precios: las ofertas son muy variadas y cambian a lo largo del año. Además, se pueden contratar pólizas casi a la medida de los intereses de cada uno, con lo cual es posible ajustar los importes a las necesidades. En nuestre comparador de precios es posible ver las enormes diferencias que existen entre unas compañías y otras, aunque es importante prestar atención también a las coberturas.

6. Comparar coberturas. No basta con fijar un capital determinado y olvidarse. Las pólizas tienen a veces coberturas poco habituales que pueden ser muy interesantes, como remuneraciones extraordinarias para pagar los estudios de los hijos, la hipoteca, los gastos asociados al fallecimiento, las deudas de las tarjetas de crédito o el doble del capital para los hijos en el caso de los dos cónyuges fallezcan, por ejemplo.

7. Fijar un capital suficiente. El seguro de vida cuesta más en función del capital que se contrate; es decir, cuanto más quiera el tomador que cobren sus beneficiarios si a él le ocurre algo, más le va a costar. Este capital debe establecerse por una cantidad que cubra las necesidades, pero sin que la póliza se dispare en precio. Se recomienda que el capital garantizado sea como mínimo cinco veces el salario bruto anual del asegurado. Esto es así porque se calcula que en una familia con una pérdida grave y repentina de los ingresos que aporta uno de los miembros, se requieren al menos cinco años para que la economía familiar se recupere. Pero esto es solo aproximado; antes de contratar un seguro de vida, habrá que considerar cada caso: si existe hipoteca, deudas, personas dependientes…

8. Personalizar el seguro de vida. Los seguros de vida no tienen por qué ser estandarizados. Muchas compañías ofrecen ya pólizas a medida de cada cliente, y no solo en el capital, sino también en las coberturas. El tomador del seguro de vida puede contratar todo aquello que necesite, excluir lo que no desee o tener varios seguros con diferentes compañías.

9. No mentir. Las compañías de seguros piden rellenar y firmar un cuestionario de salud a quienes deseen hacerse un seguro de vida, y a veces incluso les exigen un reconocimiento médico. No hay que mentir ni ocultar enfermedades o hábitos de vida poco saludables, porque, en caso de fatalidad, la aseguradora podía negarse a indemnizar si logra demostrar que ha habido engaño.

Y antes de contratar un seguro de vida conviene…

10. Pedir ayuda. Contratar un seguro de vida es fácil y barato, y se puede hacer por internet, pero lo mejor es pedir asesoramiento a un corredor de seguros experto que trabaje con todas las compañías y aconseje qué es lo mejor en cada caso, cuáles son las coberturas esenciales, cuáles las prescindibles, qué capital es más adecuado para cada economía y dónde están los mejores precios. Y otra cosa, no hay necesidad de seguir año tras año con el mismo seguro ni con la misma compañía. La vida va cambiando, y las necesidades también. Firmar un seguro de vida y olvidarse, pagar sin mirar el recibo, aunque sea bajo, es un error. Se aconseja ir adaptando el capital y las coberturas a las necesidades del momento. Siempre que haya cambios significativos en la vida que repercutan en el ámbito económico, familiar y personal, conviene ajustar la póliza, en más o en menos. Y también estar atentos a las nuevas ofertas. Si quieres asesoramiento, llámanos. Es gratis.

 

 

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