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El seguro de vida es imprescindible para garantizar que tu familia podrá tener lo necesario si tú faltas y también para asegurar tu sustento si sufres una enfermedad grave o una invalidez y no puedes seguir trabajando. Pero no todos los seguros de vida son iguales, no todos cubren lo mismo y no todos tienen el mismo precio. En igualdad de condiciones, te decimos cómo puedes ahorrar en el seguro de vida.

La única forma que no te recomendamos para ahorrar en el seguro de vida es prescindir de él. Creemos que es una inversión absolutamente necesaria, que todo el mundo debería hacer. ¿Qué sería de tus hijos, tu pareja, tus padres… de las personas que cuentan con tus ingresos si tú faltaras? ¿Qué sería de ti si no puedes seguir trabajando?

Según Unespa, la asociación empresarial del seguro, el 68 % de los españoles entre 25 y 45 años tienen un seguro de vida. Estos datos, con ser elevados, no parecen suficientes si tenemos en cuenta el tremendo desastre económico (sin contar el afectivo) que causa el fallecimiento de un miembro de la familia que contribuya al sustento con sus ingresos.

En nuestro país, dos de cada tres personas tienen cubierto el riesgo ante una desgracia de este tipo. Y no es algo que podían haberse ahorrado. En 2016, las compañías aseguradoras indemnizaron por 50 000 fallecimientos, con una cantidad media de 34 427 € por cada caso. El mayor número de decesos se produjeron en Madrid, Barcelona y Valencia, aunque las cantidades más elevadas que pagaron las aseguradoras fueron en Cantabria, Ceuta y Baleares.

Las razones fundamentales para contratar un seguro de vida suelen ser emparejarse, tener un bebé o contratar una hipoteca, etapas importantes en la vida en las que interesa no correr riesgos. Entre los 45 y los 65 años, los seguros de vida empiezan a cambiar a seguros de renta, para asegurarse una vejez más desahogada.

 

Ahorrar en el seguro de vida

El seguro de vida más habitual es el de vida riesgo, que es el que comúnmente se denomina seguro de vida. El funcionamiento es simple: se paga una cantidad anual a una entidad y, si el asegurado muere, la compañía indemnizará con una cantidad de dinero previamente acordada a los beneficiarios designados, sean sus hijos o un amigo.

Los seguros de vida son realmente baratos. Te cuestan al año lo mismo que pagas por comer en un restaurante un domingo con tu familia. Merece la pena tenerlos, porque si tú o tu pareja faltarais, sobrevivir sin los ingresos de la otra parte, hacer frente al trabajo no remunerado de un ama de casa o, simplemente, afrontar los pagos de un funeral o de los impuestos a Hacienda podría ser terrible.

1. Comparar precios

Es lo primero para ahorrar en el seguro de vida. La competencia entre compañías suele ser feroz. Ajustan al máximo sus pólizas, pero así todo, existen grandes diferencias. Por suerte, tenemos comparadores, como el nuestro, donde se pueden ver todos los precios de golpe, sin necesidad de ir compañía a compañía viendo qué nos ofrece cada una. Basta con introducir unos pocos datos sobre ti y el comparador arroja los precios que tienen las compañías, las variaciones posibles, las condiciones e, incluso, el usuario tiene la posibilidad de contratar su seguro de vida al momento, online, sin desplazamientos ni intermediarios.

2. Comparar coberturas

No todos los seguros ofrecen lo mismo. Tras un precio muy barato puede haber exclusiones a las que deberíamos prestar atención, cláusulas que no esperábamos, coberturas insuficientes. Por ejemplo, es imprescindible que el seguro de vida cubra la invalidez del tomador del seguro. Porque si tuviera un accidente grave, además de no poder seguir trabajando, tendría que pagar sus propios cuidados. Algunos seguros tienen coberturas interesantes, como, por ejemplo, si ambos padres fallecen en un accidente de tráfico, los hijos recibirán el triple de lo contratado.

3. Contratar lo necesario

A veces no necesitamos grandes coberturas, pero sí las imprescindibles. Los seguros de vida salen más caros en función de la edad del asegurado, pero también según el capital que contratemos. Podemos conformarnos con una cantidad más baja, que sepamos que será suficiente para salvar a nuestra familia mientras los hijos acaban sus estudios; eso nos ayudará a ahorrar en el seguro de vida.

Sin embargo, existen otras coberturas en las que no deberíamos ahorrar, como que nuestro seguro cubra las enfermedades graves del tomador, los accidentes cardiovasculares, el cáncer, la invalidez… o que la compañía nos permita renovar el seguro durante el mayor número posible de años.

4. Cambiar el seguro que tienes con el banco

Teclea en tu navegador «seguros vida bancos precios…» o algo así, y mira las noticias en las que se habla de que cobran un 35 % más, que son un 48 % más caros… En nuestra web recogemos datos de clientes que han empezado a ahorrar en el seguro de vida con solo cambiar el que tenían con el banco a otra compañía: hasta el 50 % menos de lo que pagaban. Y si es en la hipoteca, nuestro caso de mayor éxito es de 7900 € de ahorro en un seguro de vida hipoteca a lo largo de toda la duración del préstamo.

Cambiar el seguro del banco a una compañía de seguros, sea cual sea, es siempre una medida inteligente para ahorrar en el seguro de vida. Basta con que el tomador del contrato comunique a su compañía, mediante un escrito, su decisión de no renovar la póliza con un mes de antelación al vencimiento, por correo certificado, con los datos del tomador y el número de póliza.

5. Mirar con lupa las promociones

Ya lo hemos dicho: tras un precio muy ventajoso puede haber unas coberturas insuficientes. Si nunca necesitamos el seguro que estamos pagando, enhorabuena, pero en caso de que ocurra una desgracia, sería terrible no contar con lo que esperábamos por un malentendido, algo que no hayamos leído en el condicionado de nuestro seguro, un concepto confuso…

Para evitar sorpresas desagradables, lo mejor es pedir asesoramiento a un corredor de seguros experto. Decirle que queremos ahorrar en el seguro de vida, pero también pedirle que nos busque lo que más se ajuste a nuestras necesidades en cuanto a coberturas, que nos explique lo que no entendamos.

Y mejor hacerlo cuanto antes. En los seguros de vida no conviene pensar «mañana lo hago», porque nunca se sabe si puede ser demasiado tarde.

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