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El desempleo hace que en muchas familias solo uno de sus miembros pueda trabajar fuera de casa; no hay puestos para todos. En ocasiones se trata de una elección: uno de los dos, generalmente la mujer, decide quedarse en el hogar y ocuparse de cuidar del bienestar de los hijos y la pareja, un valioso trabajo no remunerado que ahorra mucho dinero a la unidad familiar y que procura la mejor de las atenciones. Pero ¿y si ocurriera una desgracia? Si crees que no es necesario un seguro de vida para quien no trabaja, te equivocas. Los seguros para amas de casa son imprescindibles.

 

Ser ama de casa no está valorado como se merece. Todos y todas lo sabemos. Durante un tiempo, no fue una elección personal en la mayoría de los casos, sino una imposición social para las mujeres que venía dada con el matrimonio y los hijos. Pocas, muy pocas, podían seguir ejerciendo su profesión y su vocación después de casarse, a diferencia de lo que hacían sus maridos.

Las cosas son distintas actualmente. Aunque la igualdad plena entre ambos sexos aún está lejos, sí hay muchas mujeres que pueden elegir seguir trabajando cuando tienen niños. Y también hay otras que prefieren ocuparse de sus hijos, al menos durante los primeros años. Por lo mismo, hay padres que se quedan en casa atendiendo a la familia. Existen madres y padres que compatibilizan el trabajo a tiempo parcial o el trabajo en casa con la crianza de los pequeños. Crecen también las parejas homoparentales (un 2,5 % de los matrimonios registrados) en las que pueden darse los mismos supuestos. Y, desgraciadamente, en todas las situaciones, hay quien no encuentra un trabajo por más que lo busque.

Sea cual sea el caso, todo el mundo necesita un seguro de vida, y también las amas o amos de casa.

Impuesto o elegido

La persona que aporta un sueldo a la familia, las cantidades necesarias para hacer frente a la hipoteca, a los plazos del coche, a los seguros médicos, a la cesta de la compra, los suministros, el colegio de los niños… necesita un seguro de vida e invalidez. ¿Qué sería de los suyos si faltara? ¿Y si cayera enfermo o tuviera un accidente laboral incapacitante? ¿Cómo podrían quienes dependen de él salir adelante?

Por ejemplo, en caso de accidente de tráfico, algo bastante común, es posible que los seguros para automóviles indemnicen a los afectados. Pero no siempre es así, depende de las circunstancias. Las compañías tienen exclusiones y no en todos los casos están dispuestas a cubrir negligencias de un conductor, como cuando este decide ponerse al volante con una tasa de alcohol no permitida…

Tampoco las cantidades con las que un seguro indemniza tienen por qué ser las que la familia necesita. Cuando alguien fallece, los gastos se multiplican en los primeros meses. Paradójicamente, Hacienda no entiende que sufrimos una merma en nuestro patrimonio, sino todo lo contrario: considera que hemos heredado la parte del fallecido y que tenemos que pagar los correspondientes impuestos.

Por eso está claro que quien aporta un sueldo del que depende la familia para vivir necesita tener un seguro de vida que ofrezca a los suyos una cantidad suficiente si él muere para hacer frente a los gastos. Para empezar, los de su sepelio, que no son pocos, pero también para liquidar la hipoteca si fuera el caso, pagar otros plazos pendientes, continuar con las facturas de la luz, el gas… y, por supuesto, sufragar los estudios de los hijos y sus necesidades.

Un seguro de vida puede cubrir todo esto, y también puede ofrecer tranquilidad para los casos en los que se produce una enfermedad que impide trabajar a quien sustenta la economía familiar o sufre una invalidez que le incapacita para desarrollar la actividad habitual.

Seguros para amas de casa (o amos)

Las amas o amos de casa no suelen pensar en qué pasaría si ellos faltaran: como no aportan un dinero contable a la unidad familiar, tienden a creer que todo seguiría igual, económicamente, en caso de que ellos no estuvieran. Craso error.

¿Quién va a ocuparse de atender a los hijos, a la pareja, a las personas dependientes y afrontar las muchas tareas domésticas? ¿No habría que pagar a alguien que llevara y recogiera a los niños del cole, que se quedara con ellos por las tardes, en la semana blanca, durante las vacaciones escolares, en el horario de verano? Y cuando se pusieran malos, ¿quién permanecería a su lado? ¿Cómo llevarlos al médico?… Los niños necesitan mucha atención, y los padres lo saben. Además, desayunan, comen, meriendan y cenan todos los días, ensucian ropa y necesitan prendas lavadas y planchadas, tienen que hacer deberes con supervisión y ayuda… ¡Y la casa! Uf, hay un montón de actividades que alguien debe seguir haciendo aunque el amo o ama de casa falten.

¿Estaría tu familia en condiciones de asumir el gasto extra de contratar a alguien que hiciera todo lo que hace la persona que no aporta un sueldo pero sí una gran carga de trabajo, a cualquier hora del día o de la noche, sin vacaciones y en días festivos?

Ser ama de casa es un trabajo

Se calcula que las amas de casa generan aproximadamente el 40 % de los ingresos familiares; es decir, su contribución parece invisible, pero ese porcentaje es el gasto que ahorran a la unidad familiar o que redunda en los beneficios de la persona que trabaja fuera de casa.

Desde 2007, en que el Tribunal Supremo dictó la primera sentencia a favor de un ama de casa que argumentó que el enriquecimiento de su exmarido se debía a su dedicación al cuidado del hogar, ser ama de casa está reconocido como un trabajo.

Las amas de casa pueden dedicar su vida a la familia y no siempre tienen derecho ni siquiera a una pensión de viudedad si le ocurre algo a su cónyuge. Hay restricciones a las parejas no casadas y en las de hecho; también las hay si la pareja no ha cotizado lo suficiente, el tiempo establecido, si no estaba dado de alta en el momento del fallecimiento, si ha contraído un nuevo matrimonio o tiene otra pareja, en casos de separación y divorcio, si el vínculo matrimonial ha durado poco, si hay otros hijos, si el fallecido muere por una enfermedad anterior al matrimonio… En el mejor de los casos, ¿sabes cuán ridícula puede ser la pensión de viudedad?

La persona que cuida de su familia sin recibir nada a cambio debería tener un seguro propio y pedir a su pareja que suscribiera otro a su favor, por si acaso.

Piensa en ti

Las amas de casa sufren un montón de problemas de salud asociados al trabajo que desempeñan, tales como trastornos por estrés acumulado, accidentes, dolores por actividades repetitivas, carga física y mental, ansiedad, depresión…

No basta con pensar en el bienestar de las personas que quieres. Imagina que tú no solo no puedes ocuparte de tus hijos, sino que necesitas que alguien se ocupe de ti. No queremos ponernos en lo peor, pero estas cosas ocurren, y no siempre es a los demás.

Un ama de casa no tiene derecho a una pensión por invalidez. Incluso puede ser que el sistema público de salud no cubra ni siquiera su atención si la persona que no trabaja no ha cotizado nunca a la Seguridad Social.

Los seguros para amas de casa deben cubrir el fallecimiento por accidente, de manera que las personas que dependen de su trabajo tengan cubierta la atención. Pero también deben hacerse cargo de la invalidez del ama de casa, facilitar un subsidio por hospitalización, la protección jurídica, la asistencia personal y familiar mientras dure un tratamiento oncológico, la indemnización por fallecimiento del cónyuge, los accidentes en el hogar…

Consulta con un asesor especializado o llámanos. Un corredor de seguros experto podrá orientarte para que contrates tu seguro de vida con la compañía que mejor se adapte a tus necesidades personales. Los seguros para amas de casa pueden cubrir riesgos a medida. Para eso están, para proteger al colectivo más desprotegido. Y no son caros. Entra en nuestro comparador y sorpréndete de lo poco que te costaría vivir tranquila.

 

 

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