Ictus: una enfermedad prevenible más común en mujeres

Cada año en España entre 110.000 y 120.000 personas sufren un ictus, una enfermedad cardiovascular que suele implicar daño neuronal. De ahí la importancia de conocer en qué consiste, qué la origina y cómo actuar con la mayor celeridad cuando se presentan los primeros síntomas. Porque, aunque el ictus es en muchos casos una enfermedad prevenible más común en mujeres, aún es una gran desconocida para la población en general. ¿Sabías que puede aparecer a cualquier edad, incluso en la niñez?

 

Ictus, una enfermedad que afecta más a las mujeres
Foto: Pixabay

Qué es el ictus

Derrame cerebral, infarto cerebral, embolia, trombosis y apoplejía son algunos de los nombres con los que también se conoce a esta urgencia médica que puede llegar a provocar la muerte o una grave discapacidad. Un ictus es una interrupción súbita de la circulación de la sangre al cerebro, provocada por taponamiento o rotura de una arteria cerebral.

Cada minuto que pasa tras la aparición de los síntomas mueren dos millones de neuronas, por lo que es imprescindible actuar con rapidez para reducir al máximo el grado de discapacidad causado por la enfermedad: afectación de las funciones cognitivas, motoras y sensitivas, entre otras.

Cada minuto que pasa tras aparecer el ictus mueren dos millones de neuronas en nuestro cerebro.

 

Las cifras hablan por sí solas: a nivel mundial, una de cada seis personas sufrirán un ictus, la segunda causa de mortalidad en el mundo y el principal motivo médico de discapacidad. De hecho, la mitad de los afectados con ictus quedan con secuelas incapacitantes o fallecen. Actuar a tiempo puede salvar vidas y además es clave con respecto a la gravedad de las posibles secuelas.

Sin embargo, tal y como señalan los expertos en el tema, esta enfermedad cardiovascular, más común en mujeres, es prevenible en el 90 por ciento de los casos y tratable, si se coge a tiempo. De ahí la importancia de reconocer sus síntomas.

Porque en contra de las creencias generalizadas, el ictus no es un enfermedad de gente mayor. También afecta a adultos en edad laboral, a jóvenes e incluso a niños: uno de cada tres ictus se produce en personas laboralmente activas.

También es la primera causa de muerte en mujeres. Según datos del INE, en España fallecen al año 16.000 mujeres por esta enfermedad cardiovascular, más del doble que por cáncer de mama y hasta 14 veces más que por accidentes de tráfico.

Los expertos aconsejan estar prevenidos para afrontar esta o cualquier enfermedad grave que nos pueda suceder desde edades tempranas contratando un seguro de vida e, incluso, un seguro específico para la mujer, con prestaciones pensadas para ella.

 

Tipos de ictus

Según el tipo de ictus se puede hablar de unas causas u otras. La Fundación Ictus distingue entre:

  • Ictus isquémico. Una obstrucción súbita del flujo sanguíneo en el cerebro. Si las lesiones que provoca son transitorias (duran menos de 24 horas) y desaparecen por sí solos se trata de un ictus isquémico transitorio (AIT). Si, en cambio, los perjuicios son irreversibles y permanentes es un infarto cerebral.
  • Ictus hemorrágico o derrame cerebral. Se produce por la rotura de una arteria o de una malformación en el cerebro. En función de la localización del derrame, se puede hablar de:
    • Ictus hemorrágico cerebral. Afecta a regiones profundas del cerebro.
    • Ictus hemorrágico subaracnoidea. Gran parte del sangrado se localiza en la parte más superficial.

Causas que pueden provocar un ictus isquémico o transitorio

Más de un tercio de los ictus son por una causa desconocida o indeterminada, aunque hay algunas enfermedades que están asociadas a esta dolencia.

  • Cardiopatía, como una arritmia. La oclusión de la arteria cerebral proviene de un trombo en el corazón que viaja a través de las arterias, provocando su taponamiento.
  • La inflamación crónica de las arterias, causada por el colesterol que se deposita en las paredes en forma de placas, puede taponar la circulación de la sangre y crea un trombo.
  • Otras causas. Enfermedades inflamatorias o de la sangre predisponen al desarrollo de trombos, rotura de una pared arterial y traumatismos.

Causas que pueden provocar un ictus hemorrágico

  • Hipertensión arterial. La presión arterial alta es el principal factor de riesgo de las hemorragias cerebrales, pero no es el único. Hay que tener en cuenta el riesgo asociado del uso de fármacos anticoagulantes, como la heparina, y el consumo de alcohol y drogas.
  • Hay niños, jóvenes y adultos de mediana edad con malformaciones vasculares cerebrales o aneurismas cerebrales congénitos que los predisponen a la aparición de un ictus.
  • Los aneurismas son malformaciones arteriales. Las malformaciones arteriovenosas son un manojo de arteriosclerosis y venas que se pueden romper.
  • Otras causas. Determinadas enfermedades de la sangre, la rotura de una pared arterial, traumatismos craneoencefálicos y algunos procesos degenerativos pueden influir en la aparición de un ictus hemorrágico.

Síntomas de sufrir un ictus

Son bruscos y repentinos, por lo que debemos estar alerta si de golpe notamos:

  • Flacidez y parálisis facial. Haz que sonría para detectar si la comisura de los labios se tuerce hacia uno de los lados (boca torcida). La parálisis facial está relacionada con el ictus, y puede ir acompañada de una sensación de hormigueo o esponjamiento. A veces también puede producirse pérdida de visión.
  • Pérdida de fuerza o debilidad en un lado del cuerpo. Pídele que levante los dos brazos a la vez para comprobar si hay algo inusual. Si la persona no puede levantar uno u otro brazo por falta de fuerza podemos estar ante un síntoma de ictus. En caso de que sienta debilidad en las piernas, pídele que se siente y levante los dos pies al mismo tiempo.
  • Problemas de habla o de comprensión. Pregunta cosas concretas como qué es un objeto que señalas o bien qué está pasando alrededor. El objetivo es ver si cambia el orden de las sílabas o pronuncia mal el nombre del objeto, en el primer caso, y si responde de modo entrecortado o se explica sin coherencia, en el segundo, y comprobar si hay dificultad en el habla y el entendimiento.

 

¿Qué hacer ante la sospecha de un posible ictus?

Cada minuto se pierden 1,9 millones de neuronas y 14 billones de conexiones neuronales: una hora supone el envejecimiento cerebral de 3,6 años y una pérdida de 120 millones de neuronas. Además, todas las células cerebrales que mueran ya no se recuperarán y su función quedará perjudicada.

Por  eso, el Hospital Vall d’Hebron recomienda llamar al 112 ante la menor sospecha de que alguien está sufriendo esta urgencia médica. Y, mientras llegan los servicios médicos:

  • Mantener al paciente en calma e inmóvil.
  • Preferiblemente tumbado para mejorar la perfusión cerebral.
  • Si está inconsciente y respira, colócala en posición lateral de seguridad.
  • La cabeza sin levantar (excepto si vomita o respira mal).
  • No administres fármacos no prescritos por una autoridad médica.
  • Llama a emergencias para confirmar el hospital más adecuado y poder hacer un preaviso en el centro de destino.
  • Evita consultas médicas menos resolutivas de urgencia (centro de salud, médico de familia, etc.) para no demorar el inicio del tratamiento agudo. Usar el Código Ictus podría salvar su vida.

Este protocolo de actuación sanitaria busca priorizar los cuidados médicos y el traslado inmediato de la persona afectada por parte de los servicios de emergencia a un hospital que disponga de Unidad de Ictus. Reducir el tiempo de actuación es vital para lograr que las secuelas sean menores.

 

Principales secuelas tras sufrir un ictus

Ictus en mujeres
Foto: Pixabay

Los pacientes que han sufrido un ictus pueden experimentar una gran variedad de limitaciones y complicaciones, que implican un importante gasto médico. Contratar un seguro de vida que incluya discapacidad es sin duda una gran ayuda para enfrentarse con más medios a las secuelas del ictus, y que muchas veces impiden que el paciente siga desempeñando su trabajo habitual, con el perjuicio económico que esto supone.

Las secuelas más frecuentes son, según el Hospital Vall d’Hebron:

1.- SECUELAS FÍSICAS

Dentro de esta área, se engloban todas aquellas lesiones o complicaciones que afectan al paciente a nivel orgánico. Las más frecuentes están relacionadas con déficits motores, alteraciones sensitivas o del lenguaje e incontinencia urinaria:

  • Trastornos con el lenguaje como afasia (incomprensión o problemas para emitir el lenguaje adecuado); dificultades para articular palabras (disartria) o incapacidad para pronunciar palabras (mutismo).
  • Los enfermos de ictus también pueden sufrir alteraciones sensitivas en el lado donde presentan problemas de movilidad, en forma de hormigueo, sensaciones desagradables o falta de tacto. Se debe tener especial cuidado para evitar que se produzcan heridas o quemaduras sin que se dé cuenta.

 

Los pacientes que han sufrido un ictus tienen que trabajar para fortalecer la musculatura y entrenar el equilibrio, dado que tienen un riesgo de caída superior.

 

  • La espasticidad o contracción permanente de músculos puede ocasionar rigidez, dolor, contracturas y dificultad de algunos movimientos. El especialista recomendará el tratamiento más adecuado.
  • El dolor del hombro del brazo paralizado necesita rehabilitación y es la complicación más frecuente en personas con hemiplejia.
  • A pesar de ser menos habituales, también pueden aparecer otros problemas como alteraciones visuales, dolor central, dificultad para tragar o infecciones.

2.- ALTERACIONES EN EL ESTADO DE ÁNIMO

Habitualmente, se producen en los primeros tres meses después del ictus, aunque pueden presentarse más tarde. Los síntomas son similares a los de otras depresiones y problemas de ansiedad: alteraciones del sueño, dificultad de concentración y reducción del hambre.

La depresión se suele presentar en uno de cada tres pacientes, con más frecuencia en mujeres con depresión previa.

3.- ALTERACIONES COGNITIVAS

Se presenta en forma de demencia, déficits de atención o disminución de la memoria. También se pueden sufrir alteraciones relacionadas con la orientación, la dificultad en la planificación y en la organización de las tareas.

 

Medidas para evitar el ictus: factores de riego prevenibles

Hay diferentes factores de riesgo que lesionan los vasos sanguíneos y predisponen a la persona a desarrollar una enfermedad vascular, como el ictus. Algunos de ellos son modificables y otros que no lo son, e incluso pueden coexistir, lo que multiplica la posibilidad de sufrirlo. Nos centramos es aquellas en las que sí podemos intervenir.

 

La mayoría de ictus se deben a factores de riesgo modificables. De hecho, el mejor abordaje terapéutico de esta enfermedad sigue siendo la prevención.

 

La Fundación Ictus señala este decálogo de medidas para reducir y prevenir el riesgo de sufrir un ictus, “basadas en la evidencia científica y los estándares de la organización europea Stroke Alliance for Europe (SAFE)”, de la cual es miembro.

1.- Reducir la presión arterial. La hipertensión arterial es el factor de riesgo con más influencia en la aparición de un ictus. De hecho, aumenta hasta cuatro veces la probabilidad de sufrirlo. En la hipertensión arterial, las arterias se vuelven más gruesas y se endurecen a medida que soportan una presión alta de forma continuada. Esto puede dificultar el paso de la sangre y, en consecuencia, aumente el riesgo de que las arterias se dañan o se rompan (arteriosclerosis), produciendo hemorragias en el cerebro.

2.- Seguir una dieta equilibrada y controlar el peso. La obesidad incrementa hasta 2,5 veces el riesgo de sufrir un ictus, sobre todo la grasa abdominal. Mantener el peso en unos límites saludables es muy importante para el funcionamiento normal del corazón, los vasos sanguíneos, el metabolismo, los huesos y todos los órganos del cuerpo. Por esta razón, se debe mantener un balance entre las calorías que se ingieren y las que se gastan para no acumular grasa.

3.- Moderar la ingesta de alcohol. Su consumo, junto con el de las drogas, se encuentra entre el 7% y el 20% de los pacientes con ictus atendidos ambulatoriamente en centros de asistencia primaria, entre el 30% y el 40% de los pacientes con ictus atendidos en urgencias y el 50% de los pacientes con ictus y traumatismos. Se ha comprobado una alta incidencia de ictus hemorrágicos en los bebedores intensos, menor incidencia en los bebedores moderados, e incremento de la incidencia en los no bebedores.

4.- Vigilar el colesterol. Un nivel alto de colesterol incrementa el riesgo de sufrir un ictus isquémico, porque se instala en las paredes de las arterias. Las placas de grasa que dañan y taponan las arterias y pueden provocar un accidente vascular.

Una persona puede tener colesterol alto por herencia genética o por una mala alimentación. El consumo excesivo de grasas animales como la carne roja, las yemas de huevo, los derivados de la leche y el marisco aumentan los niveles de colesterol. En ambos casos, se pude tratar.

5.- Dejar de fumar. El tabaquismo es un hábito poco saludable que se asocia a muchas enfermedades, sobre todo a las respiratorias y cardiovasculares. Es uno de los principales factores de riesgo del ictus y existe una relación clara con el número de cigarrillos diarios que se fuman.

El tabaco contiene muchas sustancias que provocan efectos nocivos en varias células sanguíneas e inflamatorias, y en el sistema inmunitario. Además, dificultan la absorción de vitaminas. Por eso, dejar de fumar reduce el riesgo de ictus.

 Después de 15 años sin fumar el riesgo de una enfermedad vascular se reduce hasta llegar a ser igual que el de una persona que nunca ha fumado.

 

6. Hacer ejercicio físico de forma regular. El sedentarismo es uno de los factores de riesgo que contribuye a la aparición de un ictus. La actividad física es clave en la prevención de la enfermedad, ya que contribuye a disminuir los niveles altos de colesterol, la hipertensión, la obesidad y la prevención de la diabetes. El ejercicio físico de intensidad moderada, como caminar o pedalear, debería formar parte de la actividad diaria.

7.- Evitar el estrés. Según detalla la Fundación Española del Corazón, un estudio reciente realizado por neurólogos del Hospital Clínico San Carlos de Madrid ha concluido que el estrés psicofísico, junto con la ansiedad y la depresión, son factores que aumentan el riesgo de padecer un ictus o accidentes cerebrovasculares.

8.- Controlar el consumo de azúcar. Las personas con diabetes tienen mayor riesgo de padecer enfermedades del corazón, el cerebro, las arterias y los riñones. Las personas con diabetes tienen un riesgo entre dos y cuatro veces más alto de sufrir un ictus que la población sana.

Pero también influye el tipo de diabetes: en personas con tipo 1, que regulan el nivel de glucosa con inyecciones de glucosa, la frecuencia de ictus es menor. Sin embargo,  como la diabetes tipo 2 está estrechamente vinculada a la obesidad y el sedentarismo, el riesgo aumenta. En estos casos, la enfermedad se controla mediante una dieta equilibrada y ejercicio regular.

9.- Tomarse el pulso. La fibrilación auricular es el tipo de arritmia más frecuente que aumenta el riesgo de sufrir un ictus y duplica su mortalidad. Se produce cuando la contracción del corazón no se realiza correctamente. Esto puede favorecer la creación de un coágulo que viaje hasta el cerebro, donde puede taponar una arteria, dificultar el paso de la sangre y producir la muerte de células cerebrales. El problema de este tipo de arritmia es que resulta muy difícil de detectar, ya que un tercio de los pacientes que la sufren no tienen síntoma alguno.

Un estudio liderado por el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, ha concluido que tomar el pulso en la muñeca mejora la capacidad de detectar una fibrilación auricular, que aumenta el riesgo de sufrir un ictus y duplica su mortalidad. Unos parámetros han demostrado ser muy útiles en determinados grupos de pacientes mayores de 40 años.

Según los investigadores que han participado en el estudio “la detección precoz de una arritmia es clave para favorecer el seguimiento adecuado del paciente y la administración, según criterios clínicos, de anticoagulantes para evitar que se produzca un ictus en el futuro”.

Más información sobre prevención en Fundación Freno al Ictus.

Tras el informe detallado de esta enfermedad cardiovascular, parece indicada la sugerencia de contratar un seguro de vida para estar prevenidos en caso de padecerla, y quizás aún más un seguro de vida específico para mujeres, ya que son el grupo más propenso a sufrir un ictus, y hacerlo a edades tempranas, ya que puede presentarse a cualquier edad.

Según las previsiones de la Fundación Freno al Ictus, en  2035 los casos de ictus habrán aumentado un 35% en nuestro entorno, con las consecuencias que pueden implicar, como grave discapacidad o incluso fallecimiento.

 

Fuentes: Fundación Ictus y Federación Española del Ictus

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