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Vacaciones en familia (también para mamá)

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Llegan las vacaciones de Semana Santa, un momento fabuloso para desconectar del trabajo y las obligaciones, reconectar con nuestra pareja, dedicar tiempo a los niños, salir de la rutina, aparcar las prisas… ¡Y descansar! Aunque las vacaciones en familia puede que no sean igual para todos que para todas.

Lo dice el Instituto Nacional de Estadística: las mujeres dedican en promedio 1 hora y 57 minutos más cada día al conjunto de actividades de hogar y familia que los hombres. Así que vamos a intentar que, al menos en vacaciones, el reparto sea más justo.

El primer paso para pasarlo bien es muy sencillo: alegrarnos de estar juntos. A partir de este primer punto habrá que planificar cómo nos organizamos para que todos estemos a gusto. Porque si no tomamos precauciones, las vacaciones en familia pueden ser aburridas, estresantes o buenas para algunos y malas para otros.

Todos decidimos

Los niños adoran las vacaciones en familia. Son todo nervios en cuanto se les habla de un viaje. Están ávidos por conocer el mundo, y la buena noticia es que no son tan exquisitos como sus padres: pueden disfrutar igual de Disney World que de una escapada al pueblo de los abuelos.

Cada familia ajusta sus planes a sus necesidades económicas y a sus preferencias, pero hagamos lo que hagamos, hay que poner en común los intereses de todos y cada uno. De lo contrario, aflorarán las tensiones.

Las madres de familia son muy proclives a darlo todo sin esperar nada a cambio, pero eso no las beneficia, ni a ellas ni a sus hijos ni a su pareja. Para cuidar de los demás hay que empezar por cuidar de una misma, y para eso hay que ser feliz, sentirse satisfecha con lo que una es y tiene. Solo así se puede valorar la felicidad de tener una familia.

Si mamá siempre cede y se sacrifica por el bien de los demás, observa cómo todos disfrutan y descansan mientras ella está siempre atareada, puede soportar un tiempo creyendo que basta con la satisfacción de ver felices a los suyos, pero tarde o temprano saldrán a relucir las frustraciones.

Por eso, antes de nada, hay que armonizar los intereses de todos. Si los planes de papá son pasar la Semana Santa delante de la tele, es probable que los demás no estén de acuerdo. Se trata de negociar las actividades que se harán en común, ceder y reservar espacios individuales.

Hay que hablar claramente de lo que le gustaría hacer a cada uno, incluidos los niños, si tienen edad, y después compartir la agenda de los deseos.

Las negociaciones pueden incluir cosas como:

  • Ya sé que no te gusta madrugar, pero tampoco podemos salir muy tarde de casa. Haz un esfuerzo y comprométete a que estemos fuera a las 11 h.
  • Yo pienso ver ese museo, si queréis nos vemos en la heladería en un par de horas.
  • Saldremos a montar en bici, pero a condición de que a las 8 h pueda estar viendo el partido.
  • También son mis vacaciones, así que esta semana cenaremos todos los días fuera.
  • Si queréis que vayamos al parque de atracciones, tendréis que fregar los platos.

Todos colaboramos

Para los padres, y más para las madres, las vacaciones en familia pueden suponer más trabajo. Por un lado, hay que estar 24 horas al día con los niños, lo cual es fabuloso, pero también tiene sus momentos de crispación, alboroto, peleas, rabietas… en los que preferiríamos teletransportarnos. Por otro lado, hay que ocuparse de más cosas: comidas, planificación de actividades, control en el lugar de destino si viajamos, etc.

Dependiendo de la edad, los niños también pueden estar más alterados por el cambio de hogar, la falta de horarios, los nuevos patrones de sueño y comidas… Las quejas y las lágrimas pueden aparecer una o varias veces cada día. Y eso sin contar con los roces habituales de pareja en situaciones de estrés.

Para evitar malos rollos es importante que la familia sea un equipo:

    • Hay que informar a los niños de todo: qué vamos a hacer, cómo pensamos divertirnos, qué opinan ellos y cuáles pueden ser las ventajas y los inconvenientes.
    • Tenemos que decirles claramente qué esperamos de ellos, recordárselo antes de salir y en el lugar, si es necesario.
    • Preguntémosles si se sienten capaces, si algo les preocupa…Hagamos con ellos labor de coaching.
    • No olvidemos elogiar su buen comportamiento, su colaboración y solidaridad: resaltar lo bueno es mucho más eficaz que criticar lo malo.
    • Es importante pedir su colaboración, siempre acorde con su edad. Durante los días de colegio, es habitual que nosotras nos ocupemos de todo porque no tenemos tiempo de esperar a que los niños hagan tareas que realizan de forma más torpe y lenta, pero en vacaciones hay que armarse de paciencia y permitir que se entrenen y practiquen. A partir de los dos años pueden y deben…
      • comer solos
      • poner y quitar la mesa
      • regar las plantas
      • llevar su ropa sucia al cesto
      • lavarse la cara y las manos
      • lavar su taza
      • recoger sus juguetes
      • emparejar calcetines…

Y ni que decir tiene que si los niños pueden hacer esto, su padre seguro que es capaz de muchísimo más. Es importante que el hombre predique con el ejemplo y que la mujer exija sus derechos, aprenda a delegar y se relaje. No pasa nada si la casa no está en perfecto estado de revista, si los niños no se acuestan a su hora o si cenan pizza durante una semana.

Todos nos divertimos

Tanto si viajamos como si no, hay multitud de actividades que podemos hacer para salir de la rutina y que todos notemos que son unas verdaderas vacaciones en familia. Esto nos ayudará a renovar la energía y retomar nuestras obligaciones cuando la semana termine. Podemos programar actos sencillos, pero extraordinarios, porque no hay cole ni trabajo.

Y no olvidemos que todos decidimos:

  • Salir a montar en bicicleta.
  • Preparar un picnic aunque sea en el parque más cercano.
  • Ir a la biblioteca a buscar un cuento.
  • Visitar a los primos.
  • Invitar a los amigos a dormir.
  • Ir a un museo divertido: de ciencia, de cera, interactivo…
  • Visitar un parque de ocio.
  • Practicar senderismo con mochila y bocatas.
  • Si salimos fuera, llevar un cuaderno de viaje (los niños adoran pintar); si nos quedamos en casa, hacer un dibujo con la actividad de cada día.
  • Cada noche, antes de dormir, rememorar qué hemos hecho, qué es lo que más les ha gustado y lo que menos.
  • Cada mañana: reunión sobre lo que vamos a hacer.
  • Hay que procurar que haya actividad física, por los niños y por los adultos; a todos nos viene bien.
  • Está bien planificar una actividad extraordinaria para cada día de la semana, pero no abarcarlo todo; los niños y nosotros necesitamos tiempo de no hacer nada.
  • Prohibido llevarse trabajo a casa en esta Semana Santa: hay que aprovechar para conectar con la familia y la pareja.

Y si no hay papá para pasar unas vacaciones en familia, no pasa nada. Quizá haya abuelos o amigos dispuestos a compartir diversión con nosotros. Los niños necesitan y se merecen el tiempo que no les dedicamos durante los meses de trabajo y rutina.

Que estas vacaciones sean un éxito depende de nosotros. El mejor regalo que podemos hacer a los hijos es proporcionarles buenos recuerdos para siempre. Y, no lo olvidemos, también un seguro de vida, porque ¿qué sería de ellos si nosotros faltáramos? Los seguros de vida son muy baratos, y el bienestar de quienes más queremos no tiene precio.

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