Cáncer de mama: Mi pareja

Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaHe perdido la cuenta de las veces que he pensado que mi marido me iba a abandonar, no sé si por inseguridad o porque no sé qué habría hecho yo en su situación. Es cierto que nunca sabes de lo que eres capaz hasta que no llega el momento. Por mucho que puedas querer a una persona hay situaciones que te superan, como cuando tu mujer está enferma de cáncer de mama, cuando tienes que “soportar” sus estados de ánimo, los efectos de la quimioterapia y de la radioterapia, su dolor, su incertidumbre, o simplemente cuando, sin que te des cuenta, quedas relegado a un segundo plano durante muchos meses, incluso años.

 Mi marido demostró ser más fuerte de lo que yo hubiera imaginado nunca, consiguió superar sus miedos para ayudarme a enfrentar los míos. Desde que todo comenzó, hablábamos de lo que estaba pasando, de cómo me sentía, de los resultados de las pruebas, del pasado, del futuro. El diálogo es lo que realmente une a una pareja y, en nuestro caso, lo que la salvó.

Después de la operación no podía evitar sentirme menos mujer, sentir vergüenza delante de mi marido, me dolía pensar que no me encontraría atractiva, que ya no iba a ser suficiente para él. Así que, para que no llegara a ninguna de estas conclusiones, yo evitaba que se acercara a mí más de lo necesario. Sin embargo, él se daba cuenta de lo que me pasaba, así que se limitaba a tratarme con cariño, sin esperar nada más, dándome todo el tiempo del mundo. Sabía que con el paso de los días todo volvería a la normalidad, que algún día volveríamos a ser los que éramos.

Y llegó un día en el que comprendí que él también estaba pasando por un cáncer, el mío. Que seguramente también necesitaba que alguien le escuchara, que nohistoria-de-un-cancer-de-mama sabía si había podido desahogarse con alguna persona de confianza o si, por el contrario, estaba viviendo esta pesadilla en silencio. Me di cuenta durante un momento en el que le sorprendí con la mirada perdida, en el que por primera vez vi incertidumbre en sus ojos. Entonces le pregunté cómo se encontraba, que yo también era su apoyo, que los dos, éramos uno. Rompimos a llorar, porque llorar es uno de los actos más liberadores que existen. Porque en aquel momento ninguno de los dos se escondió del otro.

En la lucha contra el cáncer de mama hay una serie de personas que te ayudan a seguir viva, por un lado están tus hijos, por otro tus padres y hermanos, los amigos. Pero mi marido fue, indiscutiblemente, el motor que me hacía seguir respirando.

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