Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaTenía la esperanza de que todo hubiera acabado, esperaba que mis heridas, tanto físicas como psicológicas, se curaran, que mi pecho volviera a tener el mismo aspecto de antes, que todo volviera a la normalidad. Sin embargo, aún me tenían que dar los resultados del estudio del tumor y de los ganglios que me habían extirpado en la operación.

El tumor que me habían quitado era un “Carcinoma Ductal Infiltrante”, tres palabras que me acompañarían durante mucho tiempo. Es el cáncer de mama más común pero para mí era algo totalmente desconocido. Ni imaginaba la cantidad de tipos de cáncer de mama que había, ni los tratamientos tan diferentes para cada tipo, ni las consecuencias. Antes de que todo comenzara, para mí, el cáncer de mama era único.

Cuando aún no me había recuperado totalmente de la operación, asistí a la consulta para que me informaran sobre los resultados. La vida quería ponerme a prueba una vez más. El tumor había llegado hasta los ganglios por lo que tenían que suministrarme quimioterapia. Ya no solo iba a ser suficiente con la radioterapia, que era indispensable. Además, el tumor tenía receptores hormonales positivos, lo que significaba sumar una terapia hormonal.

¿Cuántos meses suponían tantas terapias?, ¿cuánto sufrimiento me quedaba por padecer? Creía que me ahogaba. Para mí era como volver a empezar. Además, ¿tendría que retrasar la reconstrucción de mi pecho? Las preguntas me pasaban a toda velocidad por la mente. En seis semanas empezaría la quimioterapia, que duraría unos cinco meses y después me enfrentaría a la radioterapia y a la terapia hormonal. Prefería no pensarlo, iría paso a paso como hasta ahora.

La quimioterapia se suministra para eliminar el resto de células cancerosas que se hubieran extendido por mi cuerpo a través del sistema linfático. Sin embargo, hacen efecto tanto en las células sanas como en las malignas, de ahí los efectos secundarios. En muy pocos días desde que comencé con la quimioterapia ocurrió lo que más temía, mi pelo empezó a caer, decidí cortármelo mucho, dejando solo un centímetro, para que se notara menos. Como me daba vergüenza ir a la peluquería, mi marido, sin decirme nada, compró una maquina para cortar el pelo y él mismo lo hizo. Fue muy bonito, ya que eso me demostraba que no le importaba, que me seguía queriendo a pesar de todo.

Pensé en comprarme una peluca pero siempre he pensado que, al final, por muy buenas que sean se nota que son pelucas. Fui a comprar un montón de pañuelos,historia-de-un-cancer-de-mama no muy llamativos, para cuando fuera estrictamente necesario. Me dijeron que era posible que no tuviera ningún efecto secundario pero creo que yo los tuve todos, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, anemia, alteraciones en la piel, cansancio… Además, me dijeron que podía afectar a mi fertilidad, de hecho la menstruación había desaparecido,  menos mal que ya contaba con mis dos hijos, aunque siempre había querido tener un tercero.

Se iban alternando ciclos de medicación con ciclos de descanso… pensaba que no iba a acabar nunca, pero todo se pasa. Y, al final, terminé la quimioterapia satisfactoriamente, todos los análisis dieron buenos resultados y parecía que el cáncer estaba desapareciendo, por fin.

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