Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaLlegó el día de la operación. Los médicos estaban bastante contentos con las pruebas y con las expectativas de la intervención, por lo que yo estaba tranquila, dentro de lo normal. Sin embargo algo no salió como se esperaba. Como ya me habían advertido, hasta que no abren no se puede saber el resultado al cien por cien.

Me anestesiaron y, de pronto… desperté. Todo se había complicado, aunque yo aún no lo sabía. Me encontré en la sala de recuperación, tenía el pecho vendado y mucha sensación de sed. Una enfermera me preguntó cómo me encontraba, pero me volví a dormir, quería mantener los ojos abiertos pero estaba demasiado cansada. Por suerte la anestesia no me provocó ni náuseas ni dolores fuera de lo normal, así que lo único que necesitaba era dormir un poco más.

Cuando volví a abrir los ojos y comprobaron que mi ritmo cardíaco, mi temperatura y mi presión arterial estaban bien, empezaron a explicarme lo que había pasado. En un primer momento no entendía muy bien lo que me decían. Supuestamente iban a quitarme el tumor y los ganglios centinela para ver si estaban dañados, algo no demasiado complicado, supuestamente no iba a afectar al tamaño de la mama, supuestamente después iba a quedarme sólo una cicatriz, más o menos grande.

Pero las suposiciones son sólo eso, suposiciones. Cuando abrieron mi mama izquierda para extraer el tumor se percataron de que era bastante más grande de lo que habían visto en un principio y que el ganglio centinela no era el único que estaba afectado. Así que, finalmente, el médico optó por extirparme la mama completa. Antes de la operación me habían preguntado que, en ese caso, que me gustaría hacer, si quería que me reconstruyeran el pecho o esperar. El hacerlo en el mismo momento tenía una ventaja y una desventaja. No es tan impactante para la mujer, desde el punto de vista estético, sin embargo, puede crear complicaciones en el postoperatorio. Así que, pensando en mi salud y segura de que nada malo iba a pasar durante la cirugía, decidí que se retrasara en el caso que fuera necesario.

Estaba escuchando al médico pero hasta entonces no me estaba dando cuenta, o no me había querido dar cuenta de que, bajo las vendas, mi mama izquierda yahistoria-de-un-cancer-de-mama no estaba, se notaba considerablemente. Le dije al médico que quería estar sola con mi marido, me miró un segundo entendiendo la situación y se marchó.

No sé cuanto tiempo pasó hasta que volvía a fijar la vista en mi pecho, me sentía avergonzada y no podía parar de pensar en todas las cosas que tendría que superar o cambiar y que no se si sería capaz de hacerlo. Porque una parte de mí ya no estaba y porque aún no tenían la certeza de que todo hubiera acabado.

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