Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaQue te digan que tienes cáncer de mama es una de las noticias más duras que he recibido, pero pensar que la enfermedad había podido extenderse por otros órganos me hacía sentir, irónicamente, vacía. Intentas sentir si algo va mal en tu interior, pero no encuentras nada.

Empecé a ver las pruebas médicas como algo normal. En muy poco tiempo me hice análisis, radiografías, ecografías… pero la que más me preocupaba era la resonancia magnética. Primero por el resultado que pudiera dar y, por otro lado, por la prueba en sí. En una resonancia magnética, en el caso del cáncer de mama, tienes que tumbarte boca abajo en una camilla y poco a poco te van introduciendo en un tubo durante unos 30 ó 40 minutos aproximadamente, sin poder moverte.

Soy un poco claustrofóbica y, en el primer intento, tuve que decirle al especialista que parara, la máquina retrocedió, me senté, respiré hondo y me conciencié. Tenía que lograrlo, sobre todo porque cuanto antes terminara con aquello antes sabría los resultados, no quería tener que volver otro día y retrasarlo todo. Entonces me volví a tumbar boca abajo y empecé a recordar aquellas vacaciones hacía cinco años en la playa. Estaba jugando en la arena con mis hijos y mi marido me sonreía desde el agua, hacía mucho sol y calor. Dejé de escuchar el ruido atroz de la máquina y decidí sustituirlo por el sonido de las olas del mar hasta que, sin darme cuenta, el ruido cesó y volví a ver la luz, habíamos terminado. Es curioso el poder que tienen los buenos recuerdos, cómo consiguen separarte de todo lo malo.

Esa fue la última noticia que tuve sobre la resonancia magnética. Me dijeron que los resultados se los enviarían a mi médico, pero estuve muchos días esperandohistoria-de-un-cancer-de-mama una respuesta que nunca llegó. Por un lado, la ausencia de información era una buena señal, o eso me decían las personas que me querían, pero yo no era tan positiva. Esperaba lo peor, cada vez que sonaba el teléfono el corazón me daba un vuelco. Poco a poco fui tranquilizándome, convenciéndome a mi misma y dando por sentado que todo iba a ir bien, aunque la incertidumbre siempre estaba ahí.

Sin embargo, aún no había comenzado con mi verdadero enemigo en toda esta historia, el cáncer de mama, pero pronto conocería sus puntos débiles, para aprender a atacarle con las mejores armas, con las terapias que fueran necesarias, con el apoyo de todos, con toda la fuerza que tuviera y, sobre todo, con rabia.

También te interesará esto