Cancer de mama: La actitud lo es todo

Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaEl cáncer de mama se convierte en tu vida, en tu rutina. Vas cambiando de fases, de síntomas, de medicación o de máquinas, pero siempre por el mismo motivo: tu enfermedad. En esos momentos tienes dos opciones, darte por vencida o aceptar que el cáncer te va a acompañar durante un tiempo, esperando y confiando que sea limitado.

Así que, con este pensamiento, comencé a asistir a mis sesiones de radioterapia. Sabía que me quedaban cinco semanas de tratamiento en las que mi vida se desarrollaría en el hospital de lunes a viernes. Por suerte, cada día después de finalizar podía volver a casa para estar con mi familia. No me importaba ir, volver a sentirme cansada, volver a tener molestias en la piel, a sentirme mal, porque sabía que, cada vez que una sesión terminaba, las pequeñas células tumorales que hubieran quedado en mi cuerpo tras la operación iban siendo destruidas, que ya me quedaba menos para volver a estar sana. Nunca valoras tanto la palabra “sana” como cuando estás enferma. La conviertes en el objetivo único de tu existencia. Estar sano es lo más bonito que te puede dar la vida.

Al mismo tiempo comencé mi terapia hormonal. El tumor tenía receptores positivos, así que la medicación tendría más posibilidades de hacer efecto. Por lo que me había explicado el médico, era el mejor pronóstico que podía tener. De esta manera, evitaría que mis hormonas, en concreto mis estrógenos y mis otras hormonas sexuales, influyeran sobre las células mamarias. Así que, todos los días en el desayuno me tomaba mi pastilla, para comenzar el día.

La principal consecuencia de mi nueva medicación fue la llegada de irregularidades en mi ciclo menstrual, con sofocos y dolores de huesos incluidos y acompañada de un insomnio bastante pronunciado. Decidí que la mejor forma para evadirme, para no pensar, para irme lejos de allí cuando el sueño no llegara, era comenzar a leer. Centrarme en historias que no tenían nada que ver conmigo, con mi vida, ni con el cáncer de mama. Historias con finales felices, como el que yo quería.

Llega un momento en el que no sabes qué efectos secundarios te está produciendo una terapia u otra, pero se convierten en algo tan habitual que dejas de sufrir. Eshistoria-de-un-cancer-de-mama impresionante cómo el ser humano se acostumbra a todo, incluso cuando ves que tu piel ya no puede más y, simplemente, te echas crema como si fuera lo más normal del mundo. Sin embargo, hay sensaciones que no se pueden olvidar. Como el día en el que me miré al espejo y vi que mi pelo volvía crecer, me prometí a mi misma que no volvería a cortármelo nunca, de pronto, era demasiado valioso para mí.

Al final, te das cuenta, que la mejor terapia para superar el cáncer de mama es tu propia actitud. Que la alegría de ir avanzando, de ir superándote a ti misma, de sentirte ya ganadora cuando soportas todo lo malo que estás sufriendo, de saber y creer firmemente que el cáncer no va a poder contigo, es lo que te hace sobrevivir.

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