Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaEsperar, esperar, esperar… es desesperante no poder hacer nada para que pase el tiempo, querer que llegue el día de la operación para que pase lo que tenga que pasar y, por otro lado, desear que ese día no llegue nunca por lo que pueda pasar. Sin embargo, aún tenía que enfrentarme a más pruebas antes de la intervención, lo que se traducía en más conceptos, más explicaciones, más consultas, más especialistas… Como ya remarqué al principio de la historia, acabas convirtiéndote en una auténtica experta, sobre todo porque las palabras de los médicos se quedan grabadas en tu mente, para siempre.

El día antes de la operación te hacen lo que se llama la técnica del ganglio centinela: “Dentro de la mama hay multitud de ganglios, estos se encargan de purificar la linfa (del sistema linfático) antes de seguir su camino hasta el torrente sanguíneo, pero existen uno o varios a los que llega la linfa directamente desde el tumor. Para localizarlos, inyectaremos el contraste y marcaremos el ganglio centinela para extirparlo al día siguiente. Esta técnica es importante por dos razones, primero porque se deben quitar los elementos infectados y segundo porque a través de su estudio se determinará si es necesario que recibas quimioterapia o no… Si el ganglio centinela estuviera sano, los siguientes, por lógica también lo estarían… Si no se quitaran los ganglios afectados, la linfa, a través del sistema linfático, podría extender la enfermedad al resto del organismo…”

Pero la frase que más me asustó fue cuando habló de cómo podía quedar mi pecho: “Aparte, claro está, te extirparemos el tumor completo junto con algo de tejido sano de alrededor para asegurar que no queda nada, intentando respetar, en la medida de lo posible, la forma del seno…”

Éste es un ejemplo de una de las mil explicaciones que me dieron antes de cualquiera de las pruebas a las que me sometí. Que me aclararan términos médicos era algo que agradecía siempre. Sin embargo, estas clases de medicina, en concreto, de oncología, no resultan tan enriquecedoras cuando la paciente eres tú. Cuando me imaginaba cómo la linfa, que hasta ese momento no sabía ni que existía en mi cuerpo, se dirigía hasta el ganglio centinela para contaminarlo a él y a todo el que se pusiera por su camino para extender la enfermedad por todo mi cuerpo.

Te repites y te repites que todo esto es necesario, que cada paso que das es un capítulo de tu vida que ya puedes cerrar, pero yo seguía teniendo la sensación de historia-de-un-cancer-de-mamaestar viéndolo todo desde fuera, como en una película de la que no quería, no podía, ser la protagonista.

Ya solo quedaba una noche para acabar con todo, a la mañana siguiente tenía la operación. Parecía que todo estaba controlado, el tumor, el ganglio centinela, mis análisis… sin embargo, me advirtieron que el resultado no era cien por cien seguro. Que una vez que llega la intervención y abren es cuando comprueban realmente a lo que se están enfrentando, que todo podía pasar, pero que saldría bien. No fue así.

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