Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaEstuve un día más en el hospital. Me dijeron que lo mejor era que pasara allí la noche, sobre todo porque la operación había supuesto un gran shock para mí. Me suministraban medicamentos para soportar el dolor y me iban curando la herida, vigilando los puntos y controlando el tubo de drenaje que me habían puesto. Empecé a acostumbrarme a la nueva forma de mi pecho, pensé que en algún momento, esperaba que no muy lejano, me podrían reconstruir la mama y volvería a ser una mujer completa, porque así es como te sientes, incompleta. La verdad es que estaba un poco más animada.

Además, me explicaron qué medicamentos tenía que tomar para evitar dolores innecesarios y algunos ejercicios que más adelante tendría que realizar para no sufrir rigidez en mi hombro y brazo izquierdos. El médico me dijo que pronto podría empezar a usar sostenes y prótesis, pero que antes tenía que cicatrizar la herida. Y de repente, me mandaron a casa, por el momento ya no podían hacer nada más por mí.

Los días posteriores a la operación fueron muy tranquilos, me habían mandado sobre todo reposo y que asistiera a mi médico de familia para que me curaran la herida y controlaran el drenaje. Mi marido y mi hermana se turnaban para cuidarme, atender a los niños, hacer la comida, poner lavadoras… todo lo que yo en ese momento no podía hacer.

Pocos días después me dije a mí misma que antes o después iba a tener que enfrentarme a un mundo nuevo para mí, las prótesis. Empecé a investigar y descubrí que había multitud de modelos: acuáticas, de diferentes materiales, de diferentes pesos y medidas… ¿Cuál debería utilizar yo? ¿Se notarían? También leí que se podían utilizar con el bikini, me pareció inconcebible. Vi que había un mundo preparado para mujeres que, como yo, necesitaban toda la ayuda del mundo para sentirse bien con ellas mismas, para no perder la autoestima. Además, era necesario ya que, según me comentó el especialista, la descompensación de peso en mi pecho podría causarme problemas en la espalda o en el cuello.

Y llegó el momento. La primera prótesis que utilicé era de algodón, era provisional hasta que mi herida se hubiera curado del todo. Fue una sensación extraña pero,historia-de-un-cancer-de-mama al ponerme el sujetador y ver mi imagen en el espejo, volví a sentirme yo misma, sabía que no era algo real, pero por lo menos podía engañar al resto del mundo, podía andar por la calle sin que nadie supiera lo que me había pasado, sin sentirme observada por todos, sin ser señalada inconscientemente por la gente. Fue… liberador.

Es importante encontrar la prótesis que mejor te funciona, aquella que se adapta al tamaño y a la forma de tu cuerpo, afortunadamente acabas encontrándola y dejas de sentir ese miedo a que alguien se de cuenta cuando le das un abrazo o a que tu marido se sienta incómodo con la nueva situación o que, en definitiva, la gente sienta lástima por ti.

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