Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaNunca hay que tener miedo a la hora de pedir ayuda, no es algo vergonzoso ni nos hace más débiles demostrar que tenemos miedo, que la situación nos supera porque, al contrario de lo que podamos imaginar en un principio, es lo más comprensible. De hecho, en mi caso creo que tardé demasiado tiempo en recurrir a un psicólogo profesional, alguien que me ayudara a ordenar mis ideas, mis pensamientos, mis temores. Una persona completamente ajena a mí que me permitiera expresar todo lo que llevaba dentro sin miedo a hacerle daño.

Era un hecho indiscutible que mi familia había estado a mi lado siempre que la necesité, pero el mundo se me había venido encima y necesitaba salir de él, conseguir dividir los problemas y vencerlos. Ya cuando acabó la primera consulta me di cuenta de que todo habría sido más fácil para mí si me hubiera decidido a comenzar la terapia mucho antes. El “simple” hecho de racionalizar toda la ansiedad que provoca la espera de los resultados de las pruebas médicas, todos los cambios que se habían producido en mi vida de una forma tan repentina y, sobre todo, en mi caso, el miedo a la muerte y a no poder superar el proceso, habrían supuesto un alivio indescriptible en muchos de los momentos en los que creí que no lo iba a conseguir.

Mi psicóloga y yo tuvimos que empezar recuperando el tiempo perdido. Primero tenía que superar y asimilar todo lo que me había pasado para establecer las bases de las futuras sesiones. Gracias a diferentes métodos empecé a aceptar los cambios en mi cuerpo, a entender que eran pasajeros, que mi persona no había cambiado porque una parte de mi exterior ya no estuviera, que seguía siendo yo misma. Eso fue lo más importante para mí, recordar quién era, quién soy.

Otro aspecto importante es que tus seres queridos sepan cómo ayudarte y, salvo excepciones, no son expertos en la materia, así que mi psicóloga y yo acordamoshistoria-de-un-cancer-de-mama que irían a verla para completar el proceso. No quise trastocar el mundo de mucha más gente, así que solo se lo pedí a mi marido y a mi hermana que, como no podía ser de otra manera, aceptaron inmediatamente. Aprendieron a entenderme aún más, a ser fuertes y a darse cuenta de cuándo y cómo debían actuar.

Estoy convencida de que gracias a mi decisión de pedir ayuda mi salud mejoró más de lo que yo misma me esperaba, me sentía más fuerte, incluso físicamente. Aún me quedaban algunos capítulos que superar pero ahora lo haría aún con más ganas, sentía que los demás me comprendían y que realmente serían capaces de guiarme si en algún momento me volvía a perder.

A día de hoy, todavía sigo asistiendo semanalmente a mi pequeño rincón lejos del mundo, porque creo que un buen equilibrio psicológico es la mejor herramienta para luchar y para seguir afrontando los problemas que queden por venir.

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