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Cómo enseñar a los niños a ahorrar

APRENDER A AHORRAR

El hábito del ahorro, como todo, también se aprende. Y mejor si se lo inculcamos a nuestros hijos desde pequeños. Aprender a ahorrar es una virtud necesaria, el mejor seguro ante imprevistos y una condición previsora que nos va a servir en muchas otras facetas de la vida.

La educación de los hijos debe abarcar muchos campos; el ahorro es uno de ellos y no menos importante que el resto. La capacidad de ahorro, en la medida de las posibilidades de cada uno, asegura salir adelante en situaciones difíciles sin depender de nadie.

Los niños pueden aprender a ahorrar, poco a poco y con la práctica. Para ello es importante…

Predicar con el ejemplo

No hay que caer en el consumismo compulsivo ni en comprar todo lo que nos apetezca. Si nuestros hijos ven que tenemos más de cualquier cosa (zapatos, perfumes…) de lo que podremos utilizar en el resto de nuestras vidas, creerán que ese es el comportamiento normal que deben seguir.

Esta actitud no solo ocurre en economías afortunadas. Existen familias que compran cosas inútiles tan solo porque son baratas. Crecer en un ambiente donde se adquieren productos innecesarios por su precio reducido no es un buen ejemplo.

Debemos expresar claramente ante los hijos que no nos podemos permitir ciertos caprichos porque, si caemos en cada tentación, no habrá dinero para hacer frente a lo necesario, como la comida, la vivienda, el transporte.

Por lo mismo, no se trata de comprar a los niños todos los juguetes que pidan, aunque sean baratijas. A menudo los padres tratan de paliar con regalos el tiempo que no dedican a sus hijos. Craso error.

Dar caprichos a los niños para que se callen contribuye a que cada vez sean más caprichosos. Por el contrario, razonar que no es posible comprar todo lo que se les antoje les enseña el valor del dinero, les prepara para afrontar la frustración y les hace sentir la ilusión por conseguir lo que verdaderamente desean mediante el esfuerzo y el ahorro.

Hablar de dinero

Para aprender a ahorrar los niños tienen que conocer los gastos familiares desde pequeños. Está bien que sepan, por ejemplo, que no hay que derrochar luz ni agua, y no solo por el bien del planeta, sino también porque cuesta dinero dejarse el grifo abierto o la lámpara encendida sin necesidad.

Nuestros hijos tienen que saber que nos gusta nuestro trabajo (o no), pero que además es necesario porque nos dan un dinero con el que pagamos su ropa, los yogures y los cuadernos del cole.

Jugar a los supermercados desde chiquitines les permite aprender conceptos de caro y barato, y acompañarnos a hacer la compra les enseña que hay cosas necesarias y otras que solo son apetecibles. Ahí pueden ver que comparamos precios o que elegimos marcas blancas o envases de mayor cantidad que son más económicos, y que hay ofertas que merecen la pena.

Los niños tienden a imaginar lo que no es y los padres a dar por sabido lo que no se sabe, así que hay que explicarles que el dinero no sale del cajero por arte de magia, sino porque papá y mamá trabajan muchas horas para que el banco escupa los billetes por la ranura.

Darles paga

Algunos padres compran a sus hijos todo lo que les piden y listo, pero hay otros que les dan una paga semanal con el fin de que hagan frente a sus gastos; de este modo les permiten aprender a ahorrar, conocer el valor del dinero y su administración.

Cuando los niños empiezan a sumar y restar es el momento ideal para darles una asignación semanal y enseñarles que el dinero es importante; además les servirá para practicar con las matemáticas.

Podemos pedirles que guarden una parte de su paga para conseguir algo. Si querían un muñequito, pero se lo gastan todo en chucherías, no podrán tener el muñequito, y no deberíamos ceder porque nos dé pena, porque no cuesta casi nada, porque… Es preferible que aprendan que si dejan una cantidad guardada, en cuatro veces que vayamos al quiosco podrán conseguir el juguete. Todos sabemos que lo que se paga del propio bolsillo se valora más que lo que es gratis.

Hay cosas que se pueden comprar, como un helado, pero hay otras para las que necesitamos renunciar a 20 helados si queremos conseguirlas. Está bien que sepan esto cuanto antes, porque la vida es así.

Y no olvidemos la revisión salarial. Conforme cumplan años, tendremos que aumentar su asignación.

La paga es su derecho, por eso no debemos quitársela como castigo. Eso sí, habrá cosas que no les permitiremos comprar. Si no estamos a favor de determinados juguetes, da igual que se los quieran pagar ellos: no es no.

Aportaciones extraordinarias

No debemos pagar a los hijos por ayudar en casa, lo cual no significa que no deban colaborar, sino todo lo contrario: es su obligación contribuir y no pasar de todo mientras sus padres les sirven la comida, friegan, ponen la lavadora, etc. Ellos tienen que cooperar desde pequeños sin esperar más que nuestro reconocimiento a cambio.

Sin embargo, sí podemos darles cantidades extraordinarias si hacen algo extraordinario, como limpiar nuestro coche por dentro, por ejemplo.

Aprender a ahorrar

Para adquirir el hábito del ahorro podemos abrirles una cuenta en el banco. Hay muchos productos financieros adecuados para menores, sin costes de mantenimiento y que ofrecen un pequeño interés para que los niños lleguen a aprender a ahorrar y para que se esfuercen por conseguir lo que quieran: un nuevo modelo de PlayStation, tal vez. Si van guardando el dinero que les dan los abuelos en lugar de gastárselo inmediatamente en fruslerías, alcanzarán su sueño. Esto es la educación financiera.

Solidaridad

Además de inculcar el ahorro en los hijos, es necesario hablarles de la caridad. Queremos hijos ahorradores, y eso no tiene que nada que ver con la tacañería. En un mundo de desigualdades, practicar la ayuda al prójimo es una lección que no podemos pasar por alto. Igual que nosotros destinamos una cantidad a organizaciones solidarias, nuestros hijos deben aprender que también ellos tienen que donar algo para los niños desfavorecidos.

Los imprevistos existen

Aprender a ahorrar es esencial porque las neveras se estropean, el ordenador ya no sirve, el seguro del coche no perdona o porque nos merecemos unas vacaciones en familia.También porque las desgracias no siempre les ocurren a los demás. Hay accidentes y enfermedades que a veces truncan el bienestar de quienes más queremos.

En este sentido es importante contar con un seguro de vida e invalidez, porque difícilmente podremos tener ahorrado el dinero que necesitaríamos en caso de una desgracia. Los seguros de vida e invalidez no suponen un gran pago anual, pero es imprescindible tenerlos en cuenta en nuestras previsiones de ahorro.

Existen una gran variedad de seguros de vida que se adaptan a las necesidades de cada familia. Son seguros por los que se paga una pequeña cantidad anual y que, en caso de fallecimiento o invalidez de uno de los padres, la compañía aseguradora nos entregará un capital para hacer frente a la hipoteca o para seguir viviendo con las necesidades cubiertas de alimentación, pagos pendientes, estudios de los hijos…

Por ejemplo, por una cantidad menor de 50 € anuales podríamos obtener 100.000 € si pasara algo. Estas cantidades son variables, dependiendo de la edad del padre o la madre, del capital que queramos asegurar, etc.

No solo es importante asegurar a la familia en caso de muerte por accidente o por cualquier circunstancia de uno o de los dos progenitores, sino asegurar a los hijos y a nosotros mismos frente a una invalidez o una enfermedad grave. ¿Qué sería de nosotros y de nuestros hijos si pasara algo? Nuestro consejo es que hagas el cálculo, por muy poco dinero al año puedes asegurar el futuro de quienes más te importan. Esto sí que es aprender a ahorrar.

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