Lazo-rosa-contra-el-cancer-de-mamaDespués de lágrimas y más lágrimas, pesadillas, expresiones fingidas y el miedo a lo que quedaba por venir, llega un momento en el que ya no aguantas más, ya no puedes esconderte detrás de la enfermedad, hay que plantarle cara y luchar contra el cáncer. Empezaba a tener más ganas de vivir, como si una mano me ayudara a levantarme después de todas las caídas que estaba teniendo en esa etapa de mi vida.

Me di cuenta de que la vida está formada por un número limitado de días y que yo estaba desperdiciando los míos, demasiados, en preocuparme de por qué estaba enferma lo que, además, empeoraba mi situación considerablemente. Me dije a mí misma que estaría enferma solo un rato al día, el resto del tiempo lo dedicaría a vivir, a ser feliz con las demás cosas que la vida me había dado.

Es cierto que el estado de ánimo ayuda. Mil y una vez me habían contado ese “cuento” que yo nunca me creí. Yo era una de esas personas que pensaba que, incluso la persona más positiva del mundo, podía sucumbir a una enfermedad. Pero ahora que lo estaba viviendo en primera persona me daba que cuenta de que era verdad, que la mente y el cuerpo, no sé en qué porcentaje, están conectados, que podemos “engañarlo” hasta límites que ni la ciencia ni nosotros mismos conocemos.

Sonreír, había olvidado lo que era sonreír y decidí poco a poco volver a hacerlo, recordé aquellas cosas que me hacían feliz cuando creía que mi vida no me depararía una sorpresa como ésta. Porque sonreír es la mejor terapia, cuando ríes, apartas al cáncer a un lado, aunque sólo sea durante un instante, durante un suspiro.

Empecé a levantarme cada día con la ilusión de abrir los ojos, de arreglarme, de disfrutar cada sonrisa de mis hijos. Me repetí a mí misma una y mil veces que historia-de-un-cancer-de-mamaaquella enfermedad no iba a poder conmigo, que era sólo un capítulo más de mi vida y que, algún día, podría ayudar a mujeres que, como yo, creían que éste era el fin del mundo, repitiéndoles lo mismo que me repetía a mí, pero esta vez, con convencimiento: que el cáncer es una enfermedad dura, tanto por lo que significa, como por el tratamiento, como por las secuelas que nos deja, pero que se puede superar.

Cuando luchas contra el cáncer de mama llega un momento en el que ya no recuerdas cómo era tu vida antes de que el médico te dijera que tienes un tumor. Pero es muy importante saber cómo te sentías, qué tenías, cómo pensabas, porque es por ese momento del pasado, por el que tienes que luchar en el presente, para recuperarlo en el futuro.

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